viernes, 11 de enero de 2019

Si los objetos hablaran...

Tsukumogami Kashimasu



Muchos no conoceréis este anime emitido durante el verano de 2018. Fue uno de tantos que pasan desapercibidos en favor de otros con más solera y reconocimiento, pero aportan algo diferente a lo de siempre y pueden suponer una grata sorpresa para el espectador.

Seiji y Okou son dos hermanos que regentan Izumoya, una tienda del antiguo Edo que arrenda todo tipo de enseres cotidianos, desde pipas para fumar hasta obras de arte. Puede parecer una tienda como tantas había en esa época, pero corre el rumor de que entre su inventario hay tsukumogami, objetos que gracias al cariño y los cuidados de sus dueños se convierten en deidades con alma propia.

La premisa de la serie parece simple y lo es: con la tienda como epicentro, veremos pasar a diferentes personajes de estrato social y ocupación dispares con un problema o misterio a priori irresoluble que pondrá a prueba la perspicacia de Seiji y la picardía de Okou. Los tsukumogami son bastante cotillas y parlanchines, y tras ser prestados de manera oportuna aportan información imprescindible para resolver dicho misterio.

Aunque cada episodio es autoconclusivo y abarca un misterio, los secundarios no desaparecen, sino que se convierten en recurrentes, presentando a nuevos personajes, colaborando en la investigación de otros casos, ampliando en definitiva el círculo de amigos de los protagonistas. Es una de las mejores bazas de la serie: a través de pequeñas historias teje una más grande en la que todos aportan su granito de arena para formar un todo familiar y cotidiano. Si tuviera que quedarme con una historia, sería sin duda con la de Hansuke, el atractivo y misterioso dueño de Awayima, por su final bello y agridulce. También las idas y venidas de un Omiya torpe y enamorado son bastante divertidas.

Otro aspecto muy apreciable es el trato que se le da a la historia principal de la serie, relacionado con Suou y el triángulo amoroso entre los hermanos -ella es adoptada, no tienen vínculo de sangre- y un pretendiente de ella. Es cierto que hacia el final se fuerzan un poco las cosas y se mete con calzador alguna variable para darle algo más de fuerza al clímax, pero me gusta que se expongan al espectador todos los detalles de ese gran misterio poco a poco, a través de cada pista o rumor que Seiji y Okou encuentran.

Los valores de producción fueron tan discretos como su paso por la temporada: diseños de personajes bonitos pero muy sencillos, algo más atrevidos y divertidos para los Tsukumogami, y una animación cuya principal virtud es mantenerse constante durante todo el metraje. No es una serie que necesite de grandes alardes en ese aspecto, pero no ha sido descuidado en absoluto, cosa bastante común en productos cuya expectativa es más bien baja. Su sonido es bastante plano, con melodías muy convencionales y un opening bastante cañero. El trabajo de los seiyû es correcto.

Esta Tsukumogami Kashimasu es uno de esos grandes ejemplos que me gusta exponer de serie que hace de su ejecución y su sobriedad su más poderosa arma. No puedo decir que sea una gran serie ni será una de mis recomendaciones de cabecera, pero es una buena alternativa si se busca algo más sencillo y alejado de los estándares actuales de anime.

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