viernes, 28 de octubre de 2016

Caminantes Galkir - I. El Llanto del Fuego -

La primera saga de fantasía de origen español que reseño en el blog.

Durante los últimos 300 años Isla Nordein ha estado bajo el yugo de la dinastía Dantia hasta que el último e impetuoso monarca, Trenkar, cae en batalla ante los Hijos de la Venganza, un grupo de faunos sirvientes de una oscura deidad llamada Daithora y sedientos de la sangre de los humanos. Así es como Kiyus Thaeras, un siervo del rey y piromante del pueblo keew asciende al poder con el sueño de borrar el legado Dantia y construir un país ideal donde su pueblo no esté vilipendiado por el resto de la isla. Por otra parte tenemos a Pentra Thaeras, un joven keew de cabellos blancos que acude a la capital del reino para cumplir las condiciones que le convertirían en guardián del bosque y Gar'ohn, un fauno renegado, hijo del líder de los Hijos de la Venganza que odia a faunos y humanos por igual y busca vengarse de todo y de todos.

No solo de grandes sagas de fantasía debe vivir un buen lector, hay historias que tal vez tengan menos lustre y transiten por un incomprensible anonimato, pero son dignas de tener en cuenta y altamente disfrutables. Tal es el caso de esta Caminantes Galkir, una saga, un mundo, de un potencial y unas posibilidades enormes. Es este un universo planteado con paciencia y congruencia, cosido con ilusión y toneladas de conocimiento e imaginación. La matización de seres mitológicos como los faunos o los centauros y la reintrepretación del paladín, del mago o el nigromante. La visión de Nordein, la tierra donde humanos, faunos, tritones y otras tantas criaturas conviven en un delicado equilibrio.

Esta primera parte, El Llanto del Fuego, es la escenificación de la ruptura de ese equilibrio trémulo. Los Hijos de la Venganza deciden que es el momento de reclamar lo que es suyo, circustancia que Kiyus Thaeras aprovecha junto al temerario gusto del rey Trenkar por andar en el filo de la navaja para llegar al poder y poner en marcha sus ambiciosos planes para llevar la paz y la igualdad a la Isla Nordein. El conflicto entre el reino y los faunos es la excusa perfecta para que el piromante convierta la gratitud y el aprecio del pueblo en sumisión y fe ciega, una idea de gobierno que tal vez no sea muy distinta de la llevada a cabo por la dinastía Dantia a la que tanto aborrece. En medio de toda esta vorágine se encuentran los jóvenes Eal y Pentra, uno legítimo heredero al trono y otro humilde keew, uno orgulloso y el otro piadoso, uno vilipendiado por Kiyus y el otro protegido por este; ambos embarcados en una amistad extraña sostenida por la empatía del keew y el sentimiento de soledad del príncipe. Las visiones contrapuestas del mundo que les rodea se convierte en uno de los grandes atractivos de la novela.

El otro gancho, el punto fuerte de este primer viaje junto a los Caminantes Galkir es precisamente el elenco de personajes, variado y de personalidades y objetivos dispares que chocan poco a poco unos con otros. Todos y cada uno de los personajes está teñido de gris, no son ni buenos ni malos, simplemente tienen un objetivo y hacen lo que creen conveniente para alcanzarlo. Kiyus busca la paz en el reino y justicia para el pueblo keew a través del sometimiento y la instauración de su dinastía; Serkyan Dalgaron quiere exterminar el mal proveniente de Kraezoria haciendo gala de un mal talante y una nula capacidad de negociación para conseguir medios para ello; Groran, líder de los Hijos de la Venganza, reclama las tierras que un día pertenecieron su pueblo entregando su alma y la de los suyos a una entidad demoníaca; Duyldon, ay, Duyldon, mi personaje favorito, es una sílfide de belleza terrible a la que las emociones le fueron arrancadas y que clama por una venganza legítima a la que espera llegar usando y desechando a cuantos haga falta, entre ellos Pentra, tal vez el menos gris de los personajes, un joven lleno de ideales e inocencia que el tiempo, la fría mirada del hada y la instrucción de Serkyan irán apagando poco a poco. 

Es un diamante esta novela, pero un diamante en bruto, poco pulido, al que le faltan pequeños trazos que la hubieran hecho más redonda para mí. Para empezar el estilo es demasiado directo; es decir, el autor se afana en empaparnos con un torrente increíble de información, muchas veces porque sí, penalizando al ritmo de la narración. Tal vez hubiera sido mejor contenerse, aportar datos a través de los diálogos, obligar al lector a leer entre líneas, a especular con las consecuencias de los actos de uno u otro personaje; más que todo ese conocimiento bruto hubiera preferido unas descripciones más detalladas, dibujar Isla Nordein con detalle para que pudiera conocerla como la palma de mi mano y no conformarse con unas ligeras pinceladas. Me hubiera gustado que el tiempo corriera más despacio, que la instrucción de Pentra y la de Eal hubieran estado más presentes para así explicar al detalle la función del paladín y el guerrero arcano. He echado en falta intrigas palaciegas, una dinastía de más de tres centurias de vigencia debe tener detrás casas vasallas, unas leales de corazón, otras por conveniencia. La ausencia de un rey podría desencadenar una lucha de poder que hubiera puesto a prueba la capacidad de Kiyus como gobernante. Tal vez un poco más de chispa en los diálogos y en la narración hubiera sido ideal, pero esto es una ópera prima, y esa chispa solo se consigue manchando folios y folios con tinta; con experiencia, en definitiva. Porque talento hay. De sobra.

El Llanto del Fuego es el comienzo de una caminata que puede llegar a ser algo más que entretenida. Un complemento perfecto para esa necesidad de una lectura ligera y amena, de poso breve pero satisfactorio. Y además su lectura es gratuita. Os animo a descubrir Isla Nordein. Os doy la bienvenida a Caminantes Galkir.

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