lunes, 18 de abril de 2016

Your Lie in April #7: Vínculo

Séptimo mes de abril que vivo.

Supongo que todos conocéis aquella frase mil veces dicha de "nadie muere mientras haya alguien que le recuerde". Yo creo que ni el olvido mata a una persona, porque estamos unidos unos a otros por lazos irrompibles. En nuestras acciones inconscientes están nuestros seres queridos: nuestros padres en nuestros gustos culinarios o en la manera de vestirnos, nuestros hermanos en la música que escuchamos, nuestros amigos en las aficiones que nos divierten, nuestros profesores en las inquietudes que sentimos. Nadie muere porque sin darnos cuenta una parte de nosotros pasa a vivir dentro de otra persona, y esto se repite una y otra vez.

La madre de Kôsei vive en él, hasta en el más pequeño detalle. Me resulta un poco forzada la justificación de la dureza y casi crueldad con la que enseñaba piano a su hijo, pero ha servido para una actuación llena de honestidad por parte de Kôsei, para cerrar por fin una etapa dubitativa apartado de la música; eso debe bastar.

Mientras el chico espabila, Tsubaki sigue dando vueltas como una peonza sin saber siquiera lo que siente, obviando consejos y duras reprimendas. Y cuando por fin se dé de bruces con la realidad tal vez sea demasiado tarde, tal vez esté muy lejos de ella. Es lo que suele pasar cuando el árbol impide ver el bosque.

Cómo puede ser posible que habiendo tantos momentos divertidos, tantas peleas entre Kôsei y Kaori, esos cabreos monumentales de Tsubaki, perciba tanta melancolía al leer el tomo y me encante. ¿Por qué sigo leyendo entusiasmado este manga cuando sé que me va a hacer polvo? Tal vez sea para acostumbrarme a la tristeza.

Lo mejor: Kôsei por fin espabila; la enfermera harta de las peleas; Tsubaki se da de bruces con la realidad;

Lo peor: la justificación para las acciones de la madre de Kôsei están un pelín forzadas.

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